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Ruta de los Ancares y las Médulas. Pallozas TerranaturCierro los ojos y veo los paisajes de este fin de semana. No lo puedo evitar, decenas de valles pronunciados se me acumulan en el horizonte en progresión degradada, mientras las primeras hojas de los bosques comienzan a despuntar. En esta época, los musgos y los líquenes al desnudo nos hablan de que todo es mágico por aquí.

Como si de repente todos los seres de madera del escultor Domingo, de los que luego te hablaré, hubieran sido capaces de cobrar vida; sueño con que nos llevan de la mano a descubrir los secretos de los bosques y los rincones que hemos atravesado estos días.

Nos juntamos esta vez en Balboa 28 participantes, todos con algo en común: ganas de sentir la naturaleza y de pasarlo en grande. La base de operaciones fue el precioso hotel de montaña Los Ancares bajo la diligente dirección de Ana. La noche de viernes ya había sorpresas esperando en una de las dos pallozas convertidas en restaurantes. En la palloza de Balboa, frente a la Casa de las Gentes, de la que luego hablaremos, cenamos por todo lo alto al amor de la lumbre, y con música celta y de Sabina de fondo. ¡Que más se puede pedir para empezar con buen pie!

Hizo los honores presentado el pueblo y todas las actividades nuestro amigo el alcalde de Balboa Don José Manuel Gutiérrez, que tanto nos ha facilitado la ruta. Durante la cena estuvimos atendidos de maravilla y disfrutamos de caldo gallego, sopa de cocido, carrilleras al mencía, carne gisada muy tierna, bacalao y helado de castañas. Todo regado con vinos de la zona que son de primera. Hubo quien prolongó la velada con unas copas en tan singular escenario que se prestaba a intercambiar todo tipo de historias y chascarrillos cuatreros. Muros de piedra, techo de paja y troncos, tacto a madera y buena compañía. Cabe decir que para algunos era la primera experiencia en este tipo de salidas 4x4 de fin de semana y ya ponía ojitos viendo lo que sucedía.

A la mañana siguiente, temprano como corresponde, ya estábamos para salir hacía Burbia, atravesando la reserva integral para la que habíamos obtenido los imprescindibles permisos. Se trata de una ruta muy delicada, ya que cruza un bosque de acebos único en España por su extensión, su edad, diversidad y la belleza de sus intrincadas formas. De camino por pistas de altura primero atravesando algunos municipios del valle como Quintela, Villafeile, Lamagrande, Pumarín y Canteixeira, nos adentramos en los dominios de los Ancares. Estas viejas montañas ancestralmente arrasadas por los fuegos, muestran un tapiz de brezales, carquesales, retamares, entremezclados con bosques caducifolios de Rebollos, Castaños , Abedules, Sauces y salpicados de bosquetes de acebos que le confieren personalidad y cromatismos propios. Muy especial es ver brillar esos acebos desde la distancia confundiéndose con almendros o cerezos en plena floración. Y es verdad que la cutícula tiene una cera natural que refleja la luz en sus onduladas hojas reflejándola en todas las direcciones.

De camino a Campo del Agua, a los pies de Peña Rubia, bajamos a explorar el despoblado de Alzada de Villar de Acero, en el que había un agradable refugio abierto bajo la advertencia: "Esto es de todos, cuídalo". Estaba impecable. De ahí la pista, en muy buen estado salvo esta bajada, serpenteaba hasta el citado bosque de acebos. Había muchos pies hembra fructificados llenando de bolitas de color rojo la penumbra del bosque. Comenté en la salida lo que era "ambiente nemoral", y es que este espacio era perfecto para hablar de cuando un ecosistema se encuentra en su climax. Troncos cubiertos de líquenes y musgos, formas retorcidas, casi impenetrables, flores que aprovechaban las últimas luces antes de que las hojas de los caducifolios broten... Dimos un bonito, aunque breve paseo comprendiendo el valor de ese paraje. El otro equipo aprovechó para sacar las viandas en un merendero y almorzar como es norma en estas salidas, cosa que hicimos los componentes de mi grupo al llegar a Campo del Agua.

Esta zona, antiguo poblado de pallozas reconvertido a casitas de piedra con tejados de pizarra, era testimonio vivo de cómo se vivía en la zona tan sólo hace tres o cuatro décadas. Varios incendios de sus techumbres en épocas sucesivas, arruinaron una magnífica restauración de las pallozas en los años noventa. Ahora sólo quedan unas pocas de las originales en estado ruinoso. No obstante, el paraje es precioso y las vistas impresionantes.

De Campo del Agua a Burbia, precioso pueblo, ya no quedaban más que apenas unos kilómetros, quizá los más bonitos de la ruta en cuanto a zona boscosa y a los riachuelos que se cruzan en el camino. El pueblo está muy bien conservado. Atravesando hacia el fondo del valle, donde estaba el merendero donde comimos, se atraviesa uno de los castañares más bonitos y antiguos que he visto. No es de extrañar que algunos árboles tengan muchos cientos de años, y ahí siguen amparando al viajero, dando castañas  y cobijando fauna. Cada uno con su forma única y mostrando las cicatrices de los avatares de tan larga vida. Muchos esconden caras y formas de seres sacados de libros de cuento. Su simple contemplación, llena de energía. Son testigos vivos de miles de sucesos e historias, que ya quisiéramos escuchar bajo sus ramas al calor de una hoguera. Volveremos en otoño a ver como se visten de cromatismo y si nos encontramos por ahí alguna náyade perdida.

La comida, preparada por la palloza de Balboa, copiosa y muy rica, nos dio fuerzas para dar un paseo camino arriba hasta el río, disfrutando de los montes y sus montañas, de los regatos y sus cascadas.

Ya de vuelta, el camino cambiaba de itinerario en gran parte de su trazado para permitir a nuestros viajeros descubrir nuevas perspectivas y paisajes. Justo al atardecer, llegamos a las caseta de los forestales, punto de observación excepcional desde donde contemplamos todo el Bierzo.

Bajamos al Hotel por el camino de ida para descansar un rato y visitar después la Casa de Las Gentes de Balboa.

Su nombre lo dice todo: es un espacio artístico y etnológico abierto a todo el mundo. Lo que fue un inmundo y frío polideportivo en medio del pueblo afeando la entrada a este magnífico municipio, se ha transformado en un espacio muy singular de arquitectura y decoración a base de la artesanía de la zona, basada en las maderas de castaño, roble, tejo, y otros árboles nobles. Los artistas locales como Domingo, y el impulso de las autoridades municipales, en particular su alcalde José Manuel, han conseguido transformar un espacio para la ilusión y la realización de todo tipo de exposiciones y eventos, ya que cuenta con un auditorio para más de 200 personas perfectamente dotado, que aprovechamos para ver algunas fotos de la excursión proyectadas a gran tamaño.  Cabe destacar las explicaciones que nos dio Lorena la guía de la Casa de las Gentes sobre la exposición sobre el castaño y la exposición permanente de esculturas de maderade Domingo González.

Domingo es de allí, y ha rescatado con sus manos seres imposibles de los bosques de su cautiverio milenario en los troncos y ramas de viejos castaños y tejos. Para ello ha buscado sin descanso por el monte y ha sabido leer sus formas. Y lo mejor, ¡una exposición que se puede tocar y oler! Balboa, por cosas como esta y por el espíritu celta que se respira por todas partes, es un lugar para la libertad y la trasgresión interior. En esta ocasión no tuvimos un evento musical de los muchos que suele haber, pero esperamos volver para disfrutar de la magnífica combinación de naturaleza, música y libertad.

Tras la visita tocaba cenar y descubrir otro espacio mágico: la palloza de Cantejeira (Cateixeira), una palloza real y viva con sus dos niveles, con su lareira encendida, y con mesas de madera y ambientación con velitas, tenue luz y olor a rica comida y leña.

La cena con embutidos de la zona, berenjenas al horno, revuelto de ajetes tiernos, ensalada, truchas de San Fiz de Seo con jamón y pimientos del Bierzo, carne de ternera lechal estofada con verduras, flan casero y vinos de la tierra... no hay palabras. Aún así hubo gente que cuando bajamos al hotel, se quedó de copas en la palloza del día anterior.

El domingo se levanta algo más luminoso que el sábado. En esta ocasión salimos de los dominios eurosiberianos para adentrarnos en la España mediterránea, pero todo ello ¡sin salir del Bierzo! Pasamos del dominio de los brezos al de los jarales, de las cumbres a los valles en flor.

La ruta baja como si hiciéramos un descenso en parapente desde Cantejeira hasta la Nacional VI en pleno camino de Santiago. De ahí fuimos por carretera hasta cerca de Villafranca del Bierzo, a un pueblo llamado Corullón, donde comenzaba un juego de orientación hasta las Médulas, antigua mina de oro de los romanos.

La pista al final del pueblo nos condujo por un precioso camino arbolado hasta el Exconvento habitado de Cabeza de Alba, en un paraje como suele ocurrir en estos sacros lugares, de belleza absoluta. Hasta ahí y de ahí en adelante, la ruta se perseguía siguiendo waypoints (coordenadas) y un mapa que estaba en el rutómetro. Sin embargo, como si de un "bonus" se tratara, la organización ofrecimos un rutómetro de 8,6 Km de auténtico todoterreno por una zona rota de caminos que hicieron las delicias de los aficionados al 4x4 sin riesgo para sus monturas, aunque hubo quien se medio coló en una de las zanjas del camino ;)

La ruta, probablemente siguiendo el acceso por el que tanto oro se extrajo camino de la roma imperial, nos encaminó hasta Las Médulas, la mina de oro más importante del Imperio. Al llegar al pueblo, tomamos una pista ascendente que rodea completamente el conjunto arqueológico, y conduce a los miradores de las Perdices y de Orellán. Desde el primero de ellos, ya disfrutamos de unas estupendas vistas de los desmontes descarnados y cargados de cantos rodados y sedimentos, de donde se extraían por lavado las preciadas pepitas de oro. Camino del segundo mirador, el más impresionante, ascendimos por una pista hasta el borde mismo de las médulas, y llegando a varias galerías de excavación, pudimos contemplar una vista nada común del conjunto. Ya en el mirador de Orellán, hicimos las preceptivas fotos de grupo, aunque parte de los participantes ya se habían bajado a comer a Toral de los Vados, al restaurante Canadá, donde nos esperaba el banquete final.

Al llegar y juntarnos con el resto de los componentes de la salida, algunos ya habían dado buena cuenta de aperitivos (mejillones, riñones...) al rico sol de primavera. Justo castigo a su anticipación fue ir ya con los estómagos cargados ante tan magno comidorio: más truchitas exquisitas, carne, aperitivos, sopa de pescado, callos con garbanzos, magnífico vino, postres caseros, etc.

Y aquí terminó la primera salida de Terranatur-Raidaventura 4x4 a los Ancares con las despedidas de rigor y con la promesa de la mayoría de repetir en otra de nuestras aventuras. Os esperamos. Gracias por vuestra participación y por el gran ambiente de esta salida.

Un abrazo.

Jaime.

PROXIMA SALIDA A ESTA MISMA ZONA: NOVIEMBRE DE 2012. EN PLENO OTOÑO.OTRAS ACTIVIDADES A LA VISTA EN LA PÁGINA DE INICIO.  

Algo de información sobre la Reserva de los Ancares Leoneses.

Reserva de la Biosfera de Los Ancares Leoneses

Ruta por las Médulas 4x4 de Terranatur.